CALATRAVA, DESPILFARRO Y OTROS CUENTOS

Ahora es The New York Times quien de nuevo desacredita a Calatrava como arquitecto, y es que el diario norteamericano critica duramente la última megaobra del arquitecto valenciano en pleno corazón neoyorkino.

Famosos y reconocidos arquitectos como Michael Kimmelman señalan que semejante despilfarro de dinero y tiempo es totalmente incomprensible ya que lo que no se concibe es que un intercambiador de semejantes dimensiones esté escondido dentro de un centro comercial, y es que el ‘Oculus’, o ‘Calatravasaurio’ como es más conocido, contaba con un presupuesto inicial de 2.200 millones de dólares y acabó costando prácticamente el doble con un retraso de doce años en su construcción.

Kimmelman se despacha a gusto añadiendo que esta estructura no es más que una nueva diversión para Instagram ya que los cerrajeros Cordoba acaban tomando fotos del interminable laberinto y, cómo no, de las grietas y desperfectos que ya valoramos como seña de identidad del arquitecto valenciano.

Porque todos recordamos la polémica surgida en España con el edificio Ágora y sus costes, sus retrasos y, al igual que ocurre con el intercambiador neoyornkino, sus numerosos desperfectos.

Haciendo una leve recopilación de las pifias del valenciano, nos encontramos con edificios como El Trencadís del Palau de las Arts, El Puente de la Constitución en Venecia, donde los italianos le reclaman a Calatrava una gran suma de dinero así como al menos una disculpa por la chapuza que les dejó allí, el puente Zubi Zuri de Bilbao o el de El Alamillo en Sevilla.

Prácticamente cada comunidad autónoma puede ‘presumir’ de haber tenido una obra de Santiago Calatrava de las que no dejan buen recuerdo, y es que siendo valenciano y habiendo tenido las relaciones que ha tenido allí, la sombra de la corrupción urbanística se cierne sobre sus planos, porque los presupuestos inflados, los retrasos y los acabados tan incomprensibles como chapuceros. Lo único que queda claro es que ésta no es la mejor publicidad para un arquitecto que está de capa caída y todo por sus propios méritos.