LA GUERRA EN SIRIA TAMBIÉN SE CARGA LA HISTORIA

Dos mil años de historia tenía la ciudad e Palmira hasta que los ejércitos del Daesh decidieron hacerla suya y continuar una absurda masacre desde las murallas que levantaron dentro.

Esta semana las tropas opuestas al régimen radical han conseguido expulsar a éstos de dicha zona de conflicto, y así hemos podido ver cómo ha quedado la ciudad. Un Arco del Triunfo ya calificado como pérdida mundial, columnas milenarias destrozadas e incluso uno de los arqueólogos más importantes de Siria asesinado allí mismo.

Todo ello bajo la estúpida excusa de que lo pagano debe ser destruido, así pues, ya sabemos que no nos encontramos ante el primer templo que se viene abajo por el Estado Islámico o las primeras obras de arte que son atacadas por el mero hecho de que alguien lo haya decidido así.

El conflicto comenzó en 2011 y desde entonces el Estado Islámico ha desarrollado una ‘yihad arquitectónica’ en la que no ha dejado títere con cabeza, y este último mes de febrero se ha cebado con las ciudades de Dur Sharrukin, donde además de la destrucción también han saqueado las diferentes obras que encontraban, Hatra, Patrimonio de la Humanidad desde el 85 y Nimrud, en la que tres mil años de historia no han sido suficientes para parar las máuinas yihadistas que han arrasado la ciudad.

Y mientras tanto el gobierno iraquí echa balones fuera culpando a la pasmosa tranquilidad occidental a la que parece no importarle que estas piezas de valor incalculable acaben reducidas a pedazos, mientras desde la comunidad internacional los reproches son hacia el ministro de turismo y antigüedades iraquíes tachándole de lo mismo.

Lo que está claro es que este daño ya es irreparable, pero los gobiernos internacionales deberían seguir trabajando, si es que lo están haciendo, para ponerle freno a una de las masacres arquitectónicas más tristes de toda la historia. Por el bien del pueblo iraquí y por el bien de la cultura y el legado histórico mundial.